Una vez más se ha cumplido la regla que rige las elecciones a rector en la Universidad de Murcia: al igual que Samuel Baixauli, ninguno de los rectores que conocí desde que me eligieron rector de Sevilla había sido vicerrector en el equipo del rector saliente. Ese período cubre los cinco últimos rectores murcianos. Podrán comprobarlo si repasan las biografías académicas de Juan Monreal, José Ballesta, José Antonio Cobacho, José Orihuela y José Luján. Algunos de ellos fueron vicerrectores, pero nunca con el rector inmediatamente anterior a su elección. En ese sentido, los universitarios murcianos parecen sentir cierta inclinación por la alternancia: en vez de votar a los presuntos herederos de los rectores en ejercicio, han votado a catedráticos que formaban parte de la oposición al enfoque vigente en cada momento. En esta ocasión podría haber sido de otro modo, pero el enfrentamiento entre Alicia Rubio y Senena Corbalán, sendas vicerrectoras del gran rector Luján, ha frustrado la posible sucesión. Como ya avisé, sería casi imposible que ambas pasasen a la segunda vuelta, pues se repartirían los votos de los universitarios continuistas y los de los feministas. En efecto, solo superó la primera vuelta Alicia. No obstante, quizás podría haber sido la primera rectora de la universidad de Murcia si hubiese logrado integrar en su equipo a Senena y a alguno de sus colaboradores. Pero se trató de una mata que no arraigó… Al parecer, Senena, muy desilusionada por no haber superado el primer filtro, se negó en redondo a participar en ningún tipo de negociación con Alicia. Había optado por la acreditada estrategia de “O César o nada” (rectora sí; vicerrectora con Alicia, no). Desde ese momento, como informé en privado a mis fuentes, la candidata estaba condenada a perder la segunda vuelta. Y así sucedió, resultando elegido el decano de la Facultad de Economía. Además, su victoria ha sido contundente, pues ha ganado en los cuatro sectores electorales: profesores permanentes, otros profesores, estudiantes y personal técnico de administración y servicios. Así, su legitimidad de origen está fuera de toda duda. Y dispondrá de una gran capacidad de decisión, pues la nueva ley de universidades ha establecido un mandato único de seis años de duración. Por tanto, no tendrá que estar pendiente de los caprichos de los electores, ya que no podría presentarse a reelección en ningún caso.
Quizás influido por el hecho de que él mismo ha sido decano durante varios años, opta por un modelo de gobierno que los aficionados al derecho canónico calificarían de sinodal"
Sin embargo, Baixauli ha declarado que renunciará voluntariamente a esa gran capacidad de decisión que le han otorgado los electores y la legislación vigente. En concreto, el rector ha anunciado que adoptará una medida verdaderamente innovadora: todos los decanos tendrán derecho a votar en el Consejo de Gobierno de su universidad. Quizás influido por el hecho de que él mismo ha sido decano durante varios años, ha optado por un modelo de gobierno que los aficionados al derecho canónico calificarían de sinodal. Descendiendo al detalle, uno se pregunta cómo cumplirá Baixauli su anuncio, pues debe atenerse, velis nolis, a los estatutos de su universidad. Y esos estatutos dictan que el Consejo de Gobierno estará compuesto por el rector, el gerente y el secretario general junto con los siguientes vocales: 17 designados por el rector; 25 elegidos por el Claustro; 11 decanos; 3 directores de departamento o de institutos de investigación; 1 representante del Consejo Social.
Reconozco que he simplificado el lenguaje para eludir las innecesarias complicaciones de la modalidad inclusiva que siguieron los redactores, pero he sido fiel a su espíritu. Por ejemplo, ya se entiende que los representantes de los decanatos pueden ser hombres o mujeres (e incluso algún transexual o intersexual, si lo hubiere), pero seguirán siendo 11 en cualquier caso. Supongo, entonces, que para lograr que todos los decanos sean vocales el rector tendrá que incluir a los no electos en el grupo de 17 a los que tiene derecho a nombrar. O, más sencillo todavía, sería innecesario que hubiese elecciones entre los decanos y bastaría con que el rector se limitase a nombrar los vocales que le queden de su grupo de 17 una vez restado el total de decanos que complementen a los 11 previstos. Parece complicado, pero no lo es. En realidad, hay 20 Facultades en esa universidad, de modo que bastaría con que el rector usase para decanos 9 de sus 17 puestos. Ese número podría subir a 12 de los 17 si se incluyesen otros organismos, como posibles escuelas universitarias. En todo caso, el anuncio sinodal del rector es factible.
Una consecuencia de esa decisión sería que quizás no todos los vicerrectores serían nombrados vocales, una restricción que quizás explique por qué el rector ha decidido que limitará su número a 10. O bien, para evitar celos y discriminaciones entre sus vicerrectores, quizás el rector opte por no nombrar vocal a ninguno de ellos, lo que sería todavía más innovador. Siento genuina curiosidad por ver qué resultado daría ese modelo: un Consejo de Gobierno constituido casi exclusivamente por universitarios elegidos por sus compañeros de estamento, sin apenas participación de vocales designados libremente por el rector.
Atentos al loro, pues esto se alejaría radicalmente del tantas veces anunciado modelo cubano de universidades. Desde luego, seguiría siendo tan corporativo como de costumbre, pero sé por experiencia que a los universitarios les encanta exaltar como democráticas sus elecciones internas corporativas. No lo son desde el momento que no se cumple el principio “un elector, un voto”, sino que el peso del voto depende del estamento al que pertenezca el votante. No obstante, para no convertirme en un aguafiestas, no voy a ahondar en esos detalles propios de genuinos liberales, una especie en peligro de extinción en España. Lo importante es que el nuevo rector ha anunciado que se atendrá a un inédito modelo sinodal de gobernanza. A ver si duro lo suficiente para ver los resultados.