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TRIBUNA LIBRE

El 'solopreneur', o cómo llamar progreso a lo que aún no sabemos si lo es

Publicado: 29/04/2026 · 06:00
Actualizado: 29/04/2026 · 06:00
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Hay datos que merecen aplauso y datos que merecen una pausa. El reciente mapa del emprendimiento de South Summit, recogido esta semana en un artículo en Valencia Plaza, ofrece uno que invita a ambas cosas a la vez. En solo un año, el porcentaje de solopreneurs en España ha pasado del 7% al 23%. La noticia merece atención. Y también, sin restarle mérito, alguna pregunta adicional.

El solopreneur —ese emprendedor que lanza y gestiona un proyecto en solitario, sin socios ni empleados— encaja bien en el relato de nuestra época. La inteligencia artificial multiplica la capacidad individual. Los costes fijos se desploman. Sam Altman anticipa unicornios de una sola persona. El reportaje cita casos genuinamente inspiradores: Javier Sanz generando el triple de contenido con la mitad de personal en ADSLZone; Natalia Navarrete acercando la analítica de marca de Zara o Santander a una pyme sevillana; el valenciano Alfons Gil transformando el mercado del alquiler con Tenans.com. La narrativa es seductora, y en buena medida fundada.

Pero los datos agregados no cuentan historias individuales, y ahí está la complejidad.

España tiene 1,8 millones de empresas sin empleados, el 54% del tejido empresarial activo según el INE. Detrás de ese número conviven realidades muy distintas. Están, sí, los emprendedores tecnológicos que la IA ha dotado de una capacidad de producción antes impensable para una sola persona. Pero están también —y en mucha mayor proporción— el fisioterapeuta que abre su propia consulta tras años trabajando en una clínica ajena, el psicólogo que ejerce por cuenta propia porque la sanidad pública no da abasto y la privada no le ofrece condiciones, el asesor fiscal que se independiza con una cartera de clientes bajo el brazo. Y, en el otro extremo, el desarrollador freelance que encadena proyectos en remoto o el creador de contenido que monetiza a través de afiliación. Todos ellos son, técnicamente, solopreneurs. Aunque pocos se reconocerían en ese término.

La pregunta que el dato del 23% no responde es sencilla y crucial: ¿cuántos de esos solopreneurs lo son por elección y cuántos por descarte?

No es una pregunta retórica. Es la que determina si estamos ante un fenómeno de innovación o ante un síntoma de algo más complejo, un mercado laboral que empuja hacia el autoempleo, un sistema de financiación que sigue apostando preferentemente por equipos fundadores, y una cultura emprendedora que a veces confunde valentía con soledad forzada.

Según el Ministerio de Inclusión, más de la mitad de los autónomos en España ingresa por debajo del salario mínimo interprofesional. Ese dato no suele aparecer en los mapas del emprendimiento. Y sin él, la foto sale inevitablemente mejor de lo que es.

Los casos de éxito existen y son genuinos. La inteligencia artificial ha ampliado de forma real el perímetro de lo que una sola persona puede hacer. Negar eso sería tan impreciso como celebrar el número sin matizarlo. Pero los casos de éxito son precisamente eso, casos. No tendencia generalizable sin más información.

Lo que sí se extiende con rapidez es la narrativa que los envuelve. En el ecosistema emprendedor, la historia del fundador solitario que triunfa funciona como los libros de autoayuda: inspira a muchos, describe a pocos y, en el camino, puede llevar a algunos a asumir riesgos sin la red de apoyo —formación, estructura, capital— que haría esos riesgos manejables. El fisio que monta su consulta sin entender la diferencia entre régimen general y RETA, o sin saber qué cubre su seguro de responsabilidad civil, es también un solopreneur. Solo que nadie escribe sobre él hasta que algo sale mal.

Porque los datos que faltan son los importantes. ¿Cuántos solopreneurs siguen siéndolo tres años después? ¿Cuántos viven de su proyecto y cuántos lo combinan con otras fuentes de ingresos porque el proyecto solo no alcanza? ¿Y cuántos, simplemente, han desaparecido del radar sin que ningún mapa del emprendimiento recoja su salida?

El entusiasmo con el que se reciben estas cifras dice algo verdadero sobre el momento. Hay una búsqueda real de modelos alternativos, una fatiga con las estructuras pesadas, un deseo legítimo de autonomía. Eso merece tomarse en serio. Lo que también merece otro análisis serio es la idea de que más solopreneurs equivale, sin más, a más y mejor emprendimiento.

Antes de concluir que hemos dado un salto adelante, convendría saber desde dónde se ha saltado.

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