Opinión

Opinión

Como ayer

De los Mayos para rondar a los Mayos para rezar

"Jara Carrillo escribía poéticamente el primero de mayo de 1918 que el origen de este canto nació de un latido del corazón del pueblo, en un momento de exaltación arrobadora"

Publicado: 23/04/2026 · 06:00
Actualizado: 23/04/2026 · 06:00
  • La Virgen del Rosario, sobre su trono, colocada a las puertas del convento de Santa Ana para el canto de los mayos.
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

El pasado sábado estuve al pie del Cabezo Gordo, y tan cerca como queda estamos del próximo cambio de mes (marzo ventoso y abril lluvioso hacen a mayo florido y hermoso) recordé aquella historia decimonónica que encontré hace un tiempo según la cual hubo una sencilla cruz de madera en la cima, ante la que se rezaba y se bailaba (por todo lo alto, sin duda) llegado el 3 de mayo, fiesta de la Invención (el hallazgo) de la Santa Cruz por Santa Elena, madre del emperador Constantino. Y en ese día, ante aquel humilde madero, se cantaban los mayos.

De modo que ese entremezclar la fiesta de la cruz de mayo y el canto de los mayos, llegada la noche del 30 de abril y días siguientes, que se da en la Región de Murcia, viene de lejos, porque el relato citado data del verano de 1880. 

"En la cima de este Cabezo existe una meseta un poco más pequeña que la plaza de Palacio, y en el centro de ella hay una cruz toscamente labrada con dos grandes pedazos de madera y clavada encima de un pedestal de mampostería. Esta cruz no tiene altar, ni lámparas de plata que la iluminen, ni flores, ni rosales silvestres que la adornen, a su alrededor no se ve otra cosa que cantos rodados y a sus pies no crece más que la raquítica y pobre vegetación de este cabezo, que parece encerrar en sus entrañas la muerte para toda clase de plantas", expresaba el texto publicado en El Diario de Murcia.   

“El 3 de mayo, los labradores vecinos la adornan con ramos de olivos, con palmas y con algunas flores silvestres; por la tarde, cuadrillas de aldeanos suben alegremente de estos alrededores, vestidos con las más ricas galas, y en esta meseta se baila y se cantan los mayos; es el único día del año que tiene culto esta pobre cruz, aparte de la plegaria que de ordinario le tributan los marineros o de la súplica de algún triste náufrago…”, continuaba. 

Un salto temporal en el ir y venir de nuestros ayeres nos sitúa en el primer cuarto de siglo pasado, cuando la prensa señalaba la importancia de ahondar e investigar en un asunto tradicional de Murcia “en el que se ha interesado una buena parte de la opinión murcianista”, con el fin de conseguir que la canción de los Mayos, “se reconstituya lo más íntegramente posible, para que no falte esa nota en la tradición popular”. 

Escribía poéticamente Jara Carrillo el primero de mayo de 1918 respecto al origen de este canto, que “nació de un latido del corazón del pueblo, en un momento de exaltación arrobadora”, y seguía explicando la poética pluma del autor del tan bello como desconocido Himno a Murcia: “Esta gesta murciana no parece sino que surgió a esa hora maravillosa de las 12 de la noche del 30 de abril, como si cuajaran en notas los olores del azahar, la luz de la luna y el canto de los trovadores de las ramas de los jardines”. Y concluía: “Y en esa hora de éxtasis espiritual, con voz queda, acompasada y melodiosa, un coro de hombres rudos daba al viento la canción de ‘los Mayos’, como una serenata de juglares”. 

Acompañaba a su escrito el poeta algunos de los versos que se cantaban antaño: “Estamos a 30 del abril florido, alegrarse damas, que mayo ha venido”; “ha venido mayo, bienvenido sea, para las hermosas y para las feas”; “las flores que ofrece este mes hermoso, te las ofreciera si fuera dichoso”…

Eran, claramente, coplas compuestas para rondar a las mozas, pero, como expone Tomás García Martínez en su trabajo El canto de los mayor y la fiesta de la cruz. Rito etnográfico del mes florido en la Región de Murcia, cuando se ocupa de subrayar la labor que desarrolló el polifacético Antonio Garrigós en la resucitación de los Mayos, la adaptación a canto mariano se obró cuando el recuperó aquel canto en tierras albaceteñas y lo introdujo en el repertorio de los auroros murcianos avanzados los años 50 del pasado siglo.

 

Con un retraso que se achacó a la gripe, y que impidió el estreno en la fecha más propicia, el 30 de abril, se fijó para el reencuentro de Murcia con la tradición perdida el sábado18 de mayo de 1957

 

Sucedió, en concreto, en 1957 y, “de este modo, unas canciones de origen profano se añadieron a los cantos de una hermandad religiosa -la vinculación era fácil por la índole ambigua de los textos-", indica Tomás García. Y por esta vía, y por obra de aquella adaptación, se incorporaron a este canto nuevos instrumentos, voces femeninas y la jota como complemento, que es el modelo que ha llegado a nuestros días.

Podía leerse en La Verdad, a pocos días de la recuperación de aquella casi olvidada joya del folklore murciano que Garrigós no quería que pasara de aquel mayo la vuelta de la “piadosa costumbre, simpática, devota, que tuvo épocas de esplendor en Murcia, donde arraigó, y que ha desaparecido hace ya sus buenos 50 o más años”.

La descripción que hacía Garrigós de su hallazgo en tierras manchegas era la de “un grupo de voces masculinas y femeninas que acompañadas por una rondalla saludan con alegría y con alusiones frecuentes a la Santísima Virgen la llegada del mes de mayo, dedicado a la Madre de Dios". De modo que el artista ya había dado un enfoque completamente religioso a lo que en tiempos venía referido a las mozas casaderas y a quienes las rondaban en aquella noche del tránsito entre abril y mayo.

En el Rincón de Seca, con la ayuda de quienes encabezaban por entonces las dos campanas de auroros de la localidad, Antonio Mateos, del Carmen, y José Parreño, del Rosario, se creó un grupo destinado a cantar los mayos y compuesto por entre 10 y 12 muchachas, otros tantos hombres, auroros en su mayoría, y un número aproximado de instrumentos de arco y púa, violines, guitarras, bandurrias, laudes, requinto, etc. 

Con un retraso que se achacó a la gripe, y que impidió el estreno en la fecha más propicia, el 30 de abril, se fijó para el reencuentro de Murcia con la tradición perdida el sábado18 de mayo de 1957, por lo que en 2027 se cumplirán 70 años de aquella memorable ocasión.

La puerta de la Catedral, entre las nueve y las diez de la noche, sería el punto de partida y el lugar señalado para el estreno: "Virgencica de la sierra, te venimos a cantar como Madre santa y buena y princesa celestial", rezaba una de las estrofas del canto. Y luego, el grupo, y sus seguidores y curiosos, seguirían por el monumento a la Inmaculada de la plaza de Santa Catalina, para luego dirigirse a otros lugares significativos.

Luego, aparecieron las peñas huertanas, y pronto algunas de ellas se sumaron al canto de los mayos, robusteciendo la continuidad de la vieja tradición recuperada, en su nueva versión, y dándole pervivencia hasta nuestros días, como se podrá comprobar el próximo 30 de abril cumplido, cuando entre mayo de flores vestido.

Recibe toda la actualidad
Murcia Plaza

Recibe toda la actualidad de Murcia Plaza en tu correo

Un año del apagón: energía, economía y lecciones pendientes