Hay empresas que nacen con vocación de crecer y otras que lo hacen casi por inercia, empujadas por el tiempo, el oficio y una cierta manera de entender el trabajo. Lo de Alcántara Systems pertenece más a lo segundo. Aquí no hubo fuegos artificiales, sino hierro, salitre y décadas de ir afinando el pulso.
Todo empieza en los años 80, cuando Alejandro de las Heras se mete en el sector marítimo sin más épica que la de sacar adelante proyectos en un mundo donde nada es sencillo. Entonces no había catamaranes futuristas ni discursos sobre sostenibilidad: había barcos, clientes y la necesidad de hacerlos bien. Punto.
Con el tiempo, aquel oficio se fue convirtiendo en estructura. Cartagena como base, sí, pero con tentáculos que hoy alcanzan Carboneras -donde tienen astillero propio-, Níjar -con una nave industrial que supera los 25.000 metros cuadrados- y presencia en Argelia. Una empresa que ha crecido como crecen las cosas serias: sin ruido, pero sin pausa.
El salto llega en 2017, cuando Alcántara Systems entra de lleno en la construcción y suministro de embarcaciones, tanto pesqueras como deportivas. Es ahí donde la empresa deja de ser solo un nombre conocido en el sector para empezar a jugar en otra liga. Y decide, además, complicarse la vida: apostar por el transporte de pasajeros.
Porque construir barcos de trabajo tiene su lógica. Pero meterse en el mundo del pasaje implica diseño, confort, normativa, experiencia de usuario… y margen de error cero.
De esa apuesta salen nombres propios. El Saona Marina, botado para Sa Calma Boats, es uno de ellos. Otro es el Blue Diamond, ese catamarán que ha pasado de llamarse Ocean Fly a convertirse en un proyecto afinado en el “pantano” del astillero de Níjar, donde se prueban los barcos antes de entregarlos. Un lugar poco épico en apariencia, pero decisivo: ahí es donde se comprueba si todo lo que sobre el papel funciona, en el agua también lo hace.
Pero no todo es transporte ni turismo. El pasado año, la empresa cartagenera dio otro paso silencioso, de los que no llenan titulares pero sí marcan camino: la construcción de un buque de investigación para la Universidad Politécnica de Cartagena. Un catamarán de unos 10 metros de eslora, 4,5 de manga y menos de 0,7 de calado, fabricado en fibra, pensado para algo muy concreto: trabajar en el mar.
No es un barco para pasear. Es una herramienta científica. Estable, versátil, preparado para la toma de muestras, el uso de sensores, operaciones de buceo y el manejo de vehículos submarinos, tanto autónomos como operados en remoto. Una especie de laboratorio flotante que responde a una necesidad igual de concreta: que la investigación marina deje de quedarse en el papel y baje al agua.
La embarcación encaja en la estrategia de la UPCT de reforzar su apuesta por la ciencia y la tecnología marina, con una unidad específica creada para coordinar proyectos y dar soporte real a los grupos de investigación. Y ahí, otra vez, aparece Alcántara: construyendo no solo barcos, sino herramientas para que otros entiendan mejor el mar.
Mientras tanto, la empresa sigue mirando hacia delante. Tiene en marcha el Blue Fascination, con destino Las Palmas de Gran Canaria y un grado de ejecución que ya ronda el 70%. Y, sobre todo, trabaja en algo que marca hacia dónde va el sector: un catamarán híbrido, de cero emisiones, para Mundo Marino.
Ese barco -todavía en proceso- no es solo una embarcación. Es una idea: autonomía de hasta siete horas, recorridos de entre 10 y 15 millas, eficiencia energética y un enfoque que va más allá del turismo. Porque el objetivo es que también sirva para actividades educativas, científicas e inclusivas. Es decir, que el barco deje de ser solo transporte para convertirse en herramienta.
La colaboración con Mundo Marino y la actividad en Carboneras encajan en esa lógica. No se trata únicamente de construir barcos, sino de generar un ecosistema: industria naval, turismo, conocimiento. Una cadena en la que todo suma.
Alcántara Systems no es una multinacional ni pretende parecerlo. Pero en un sector donde muchos hablan de innovación, ellos llevan años practicándola sin demasiada propaganda. Desde Cartagena, con un pie en Almería y otro en el Mediterráneo más amplio, han ido construyendo algo más que embarcaciones.
Un gran dispositivo para un desplazamiento elefantásico
Tal y como señalábamos unas líneas más arriba, recientemente se produjo la botadura del Sa Calma Boats, que necesitó un importante dispositivo logístico para trasladar una embarcación de 60 toneladas por carreteras convencionales desde sus instalaciones hasta el puerto. Dos equipos, uno delante y otro atrás, para desmantelar y volver a instalar señales, ampliar arcenes, curvas, etc..., para mover una nave de más de 12 metros de ancha y casi 8 metros de alta, una maniobra no al alcance de muchos resuelta en poco más de una hora.